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miércoles, 9 de abril de 2008

MARIA INÉS COLIMIL NAMONCURA, PARTICIPÓ EN LA CONFERENCIA “SALUD REPRODUCTIVA” EN SEDE PARLAMENTO EUROPEO

Bruselas – Bélgica, Abril del 2008
Parlamento Europeo

Excelentísimo
Sr. Presidente
Honorable parlamentario del Parlamento Europeo
Señoras y Señores delegados internacionales que asisten a esta conferencia de la Salud reproductiva.


Permítanme primero, saludar en nombre de la mujer mapuche, como de todo nuestro pueblo y también de la Izquierda Chilena,

Vengo del Territorio mapuche, del sur de Chile. Pertenezco a una comunidad Mapuche denominada Ancapi Ñancucheo y de la asociación mapuches AD - KIMVN que significa (la esencia del saber) y formo parte de la directiva nacional Mapuche de Izquierda. Los mapuches (gente de la tierra) somos el pueblo originario más numeroso del país; de acuerdo a cifras oficiales del censo poblacional del año 2002, 604.349 individuos son mapuches. A ello habría que agregar una gran cantidad de mapuches que no se reconocen como tales, sin olvidar que por ser los habitantes originarios de nuestro país somos el sustrato principal de la población de Chile.

Agradecemos por ello la invitación que se nos ha hecho para participar de esta Conferencia abordando un tema tan trascendente para la mujer, como es la Salud reproductiva, la que no siempre ha sido comprendida en su justa dimensión y en más de una oportunidad hemos sido manipuladas ideológicamente, en nuestros derechos como mujer, por sectores que sustentan el poder económico y político, tanto en ámbito local como en lo internacional. Desde esa mirada, saludamos esta iniciativa tan importante para la mujer, realizada en un organismo de tanta importancia política para el mundo, como es el Parlamento Europeo .

La salud reproductiva hoy como tema está cada vez mas presente en la conciencia de distintos actores políticos y sociales, como un tema principal, pero sigue siendo lejano a la inmensa mayoría de los más pobres de la humanidad. Sin duda que constituye un avance no menor para generar nuevas conciencias en la humanidad la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo de 1994 en la cual se adoptara como criterio considerar la salud sexual y reproductiva como un derecho, entendiendo los derechos reproductivos como integrantes de los Derechos Humanos,

Esto en un tiempo en el cual Estados y Gobiernos imponen modelos económicos basados en un sistema neoliberal, que desprecia los derechos fundamentales de las personas, generando desigualdades sociales y causando mucho daño en nuestra cultura y conciencia como pueblo, al destruir nuestra base de economía familiar.

Desde nuestra perspectiva y nuestra condición de mujeres Mapuche, por ende desde la visión de Pueblos Originarios, frente al tema que nos convoca en esta ocasión, podemos decir que la salud reproductiva la vemos expresada en dos forma: una para los ricos que tienen el poder de manejar las informaciones y la formación, porque cuentan con los medios económicos, para alcanzar estos conocimientos y comprar los servicios, la asistencia médica avanzada, los mejores medicamentos, los abortos terapéuticos en la mejores clínicas privada (establecimientos de salud). Esa es una parte de nuestra realidad país, porque la contraparte es la salud para los pobres ( que somos la gran mayoria), que en materia de salud reproductiva es casi nula, ya que la educación sexual en los establecimientos educativos que se encuentran a nuestro alcance es deficiente en esta materia, además de encontrarnos en un país que algunos temas son tabú, pues en CHILE hasta las campañas de prevención del SIDA y fomento de uso de preservativos, depende de los medios de comunicación masiva que en su mayoría son manejados por sectores de poder conservador, y lo que se puede resolver a nivel de Salud primaria , se basa sólo en el control una vez que el embarazo ya está en curso y después de ello en control de la natalidad. El análisis de los órganos competente del Estado sobre el tema, es de simple y exclusivo asistencialismo, mutilador de una dimensión más integral y en donde la salud reproductiva sólo se ve como un hecho de tener o no tener hijos y se trata en forma aislada de la sociedad y no como un problema social. En relación al tema generalmente las políticas de los Estados Nacionales, tienden a negar los derechos reales de la mujer y que más allá de una atención patológica, existen orientaciones políticas que ocultan la real dimensión sobre salud reproductiva

Pero aún en este aspecto, la entrega de píldoras o dispositivos intrauterinos para el control de la natalidad a nivel de Salud Primaria, ha sufrido recientemente un fuerte retroceso ya que un organismo integrado por 9 personas llamado Tribunal Constitucional,(herencia de la dictadura de Pinochet) ha prohibido el uso de medicamentos de anti-concepción en el sistema público de salud, con el pretexto que serían métodos abortivos, lo que no está probado científicamente,. La consecuencia no es sólo que el resultado de la barbarie neoliberal viola el derecho de decisión e igualdad entre las mujeres de mi país, porque una mujer pobre no tiene acceso a estos métodos como una mujer que cuenta con los medios económicos y los puede conseguir en farmacias de forma privada, sino que sin duda aumentará nuestra ya alta tasa de abortos clandestinos (más de 150.000 al año), con todas las consecuencias para la salud pública que de ello derivan. De esta descripción, uds podrán colegir que en mi país tenemos una democracia muy restringida y además un inmenso peso de los sectores más reaccionarios e integristas de la sociedad que controlan la mayoría de los medios de comunicación de masas, empleando una doble moral, ya que por un lado se prohíbe por ley el aborto, incluso el terapéutico, pero por otro lado se utiliza el cuerpo de la mujer como un producto más de mercado.

En este esquema, las mujeres mapuches somos segregadas en nuestra condición de mujeres, pero también en nuestra condición de pobres y no podemos olvidar un tercer tipo de discriminación, que dice relación a nuestra condición de mapuche

En el caso de nuestro pueblo a la mujer mapuche se le impone un estilo de medicina en el tratamiento de la salud reproductiva, ignorando totalmente el conocimiento milenario que tenemos, nuestra concepción de vida. Para buscar soluciones reales se debe considerar el respeto absoluto de las culturas de los pueblos indígenas. En nuestra concepción tenemos un sentido integrador sobre la vida y el aspecto reproductivo, es necesario hoy más que nunca, reeducarnos considerar a la mujer y al hombre como el centro del desarrollo de la humanidad valorar la propia persona, tanto individual como colectiva.

En nuestra cultura mapuche el concepto salud es muy amplio y se refiere al estado de bienestar general de la persona, estar bien no solo en lo bio-fisiológico sino que también con el entorno, porque entendemos que la persona humana forma parte y esta inserta en el universo compuesto por múltiples elementos que irradian energía para mantener el equilibrio físico, psicológico y espiritual.

Con respecto a la reproducción nuestra cultura la concibe la perpetuación del linaje (de donde uno procede) en forma genética por lo tanto la valoración que de ella se hace, es muy alta y el desarrollo del conocimiento sobre el proceso por el que tiene que pasar una mujer es meticulosa y esta asociada a los ciclos de la naturaleza.

Con la imposición de la cultura dominante occidental sobre la concepción del ser humano en particular sobre la mujer que es una práctica avasalladora, hemos ido perdiendo forzadamente nuestras formas de concebir la vida en prácticas reproductivas La resistencia cultural y política del pueblo mapuche ha hecho posible, que este conocimiento este sobreviviendo a la discriminación y a la negación mas absoluta ejercida por la cultura dominante desde la incorporación de nuestro territorio al Estado de Chile desde el siglo XIX y XXI. La mujer mapuche en muchos casos no ha dejado de ejercer la especialidad de obstetra (piñentuchefe) en el proceso de embarazo y del nacimiento. en la salud reproductiva, así como tenemos los tratamientos naturales a través de hierbas o plantas medicinales, que se utilizan para el control de la natalidad, que es toda una tradición de los pueblos originarios.

Esta práctica ha tomado fuerza en los últimos años y se ha tratado de incorporar en dos comuna de la IX región, a través de programas de medicina intercultural del ministerio de salud, que se ha visto obligado a acceder por las fuerte lucha de las organizaciones y comunidades mapuches por el reconocimiento de su cultura y conocimiento en estas materias

Esto demuestra que los métodos elaborados por nuestros antepasados están plenamente vigentes en el umbral del siglo XXI, el problema radica en que los profesionales formados en la ciencia occidental, han sido y siguen siendo reticentes al momento de incorporar elementos propios de nuestra cultura mapuche, incluso en espacios en que la población mapuche es mayoritaria. Hoy todas las embarazadas tiene la obligación de controlarse de acuerdo a los métodos de la medicina occidental, ello contribuye a disminuir las practicas tradicionales mapuche en salud reproductiva.

El deseo nuestro es recuperar esos conocimientos depositados en la mente de muchos de nuestros hermanos y hermanas mapuches, como una forma de no perder esta inmensa sabiduría y desarrollarla en nuestro pueblo como al resto de sociedad, sin desconocer lo que ha alcanzado la ciencia medica aplicada en la institución del estado chileno a través del ministerio de salud.

La cultura mapuche es integradora de conocimiento, ofrece a la sociedad un sistema que hace al hombre y la mujer mas concientes de su pertenencia, asume las relaciones existentes entre los elementos de la naturaleza, en un mundo que tiene ciclos y que es necesario respetar para lograr la armonía universal. Porque el objetivo de la vida, es llegar a ser una persona apropiada de si misma, con valores tan importantes como la solidaridad, la moral, la valoración del saber y su fortaleza.

Esto es en parte nuestra concepción como mujer mapuche y como pueblo en relación a la salud reproductiva y es lo que propiciamos que se nos respete como tal con todas nuestras especificidades Estos son parte de nuestro derechos fundamentales que se vulneran por el Estado y el gobierno Chileno, que amparándose en la constitución del año 80 , que fue impuesta a sangre y fuego en la dictadura de Pinochet , ha hecho primar los intereses mezquinos de las derechas política en el gobierno de la concertación. En la practica, lo que No se quiere asumir, que Chile es un Estado plurinacional, por ello que no se ratifican los convenios internacionales sobre pueblos indígenas, como es el convenio 169 de la OIT., el cual ha sido aprobado por el senado, pero con una declaración interpretativa para dejar sin efecto su aplicación. Esto es rechazado por todo el movimiento mapuche que exige la consideración de la Declaración de las Naciones Unidas sobres los derechos de los pueblos Indígenas para su ratificación.

En esta situación todos nuestros derechos elementales, son considerados ilegales y la ley Indígena 19.253.- que tenemos, no tiene fuero o primacía ante leyes que fomentan los mega proyecto, como los ya implementados por celulosas o hidroeléctricas entre otros. Entonces con mucha naturalidad se persigue a los mapuches cuando se movilizan a reclamar sus derechos, en contra de la forestales que destruyen nuestro medio ambiente por ejemplo, acusándolos de tal o cual delito que el propio estado genera o ampara en nuestro territorio y se aplica la ley antiterrorista, la militarización de la comunidades mapuches, como es el caso del lago Lleu lleu en la comuna de Tirúa, la comuna de Ercilla de donde yo provengo y en los últimos días se esta militarizando la zona del Alto Bio Bio, su única finalidad es atemorizar a la comunidades pehuenche para continuar su mega- proyecto de centrales hidro-eléctricas.

Tenemos claro ejemplo de represión en contra de nuestros dirigentes como los asesinatos por carabinero de Alex Lemun, Rodrigo Cisterna, Longko (autoridad politica y cultural en una comunidad) Juan Collihuín, Matías Catrileo entre otros, en los cuales aún no se condena a los responsables. Está el caso de longkos presos y condenados injustamente por ley antiterrorista, y también lamguenes mujeres encarceladas, como es de conocimiento público los mas de 100 días de huelga de hambre de Patricia Troncoso por su libertad y de sus hermanos, la reciente condena de la lamguen Juana y Luisa Calfunao que están encarcelada junto a su marido y familia por defender sus tierras Pido la solidaridad para la lamguen Mireya Figueroa dirigente de la comunidad de Trikauko, quien tomó la decisión de rebelarse ante la justicia, pasando a la clandestinidad desde hace aproximadamente tres años hasta los días de hoy, por no existir garantías de un juicio justo.

Sin tener un poder notarial, pero en mi condición de dirigente mapuche, asumo como deber moral decirle al mundo que en mi país no se respeta el derecho del pueblo mapuche y demás pueblos originarios, el gobierno de Chile vulnera la libertad de nuestros dirigentes y muy en especial el de las mujeres mapuches, por el solo delito de luchar por nuestra Autonomía y Territorio, conservación de nuestra Cultura Milenaria Es por ello que desde esta tribuna los llamo a solidarizar con ellas y ellos, los que día a día en mi pueblo sufren los atropellos a todos los derechos por el solo hecho de existir…

Muchas gracias por escuchar

CHALTU MAY

Amulepe taiñ weichan – Nuestra lucha continua !!
Mari chiweu - mil veces venceremos!

martes, 8 de abril de 2008

LA MEMORIA ABRE HORIZONTES


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La memoria abre horizontes

Mujeres militantes de la Argentina, Uruguay y Chile que sufrieron cautiverio durante las últimas dictaduras militares en sus respectivos países se reunieron para seguir manteniendo viva la memoria en el Centro Cultural Rojas convocadas por el Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía.


Por Roxana Sandá


Durante dos tardes con sus noches, un revuelo de mujeres alzó las voces para desmantelar el olvido que cada tanto vuelve a echar veneno sobre esta Argentina. Mujeres guerreras que soportaron las cárceles de las dictaduras latinoamericanas se reunieron la semana última en Buenos Aires en el intento, como suelen advertir, "de conjurar al Cóndor", el plan político militar que pretendió aniquilarlas. "Poco se sabe de la vida de las presas políticas en las cárceles", relatan sus protagonistas. "Sin embargo, nosotras construimos un espacio a partir del espíritu de resistencia y solidaridad que los represores nunca pudieron destruir." De ofrecer estos talismanes a los ojos de otras mujeres se trató el encuentro en el Centro Cultural Rojas, organizado por el Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía. "Para que en el boca a boca -dicen- se pueda compartir la posibilidad de nuevos horizontes."

En la ronda abierta que conformaron mujeres militantes de la Argentina, Uruguay y Chile, compartieron vivencias Mirta Clara, ex detenida en cárceles de Chaco, Formosa y Devoto; María del Carmen Ovalle, quien también pasó por el penal de Devoto; Irma Leite, Martha Passeggi y María Cecilia Duffau, ex presas de la cárcel uruguaya de Punta de Rieles, y la joven chilena Tamara Vidaurrázaga, autora del libro Mujeres en rojo y negro. Memoria de tres mujeres miristas, donde narra la experiencia de su madre, Soledad Aránguiz, detenida en las prisiones de Augusto Pinochet.


¿Qué mecanismos de resistencia opusieron las mujeres frente al terrorismo de
Estado en las cárceles?

Irma Leite: -Una especie de salvaguarda interior de nuestras cabezas y cuerpos como única forma de enfrentar a esas bandas desde el momento en que te agarraban, encapuchaban y perdías la noción de tiempo y espacio. Entonces llevamos esa derrota represiva que sufrimos todas las organizaciones populares de América latina al plano colectivo. Caímos en manos de una
patota que contaba con todo el tiempo del mundo, y teníamos que ubicar nuestra resistencia en ese tiempo infinito.


Martha Pessaggi: -Después de ese primer golpe, el colectivo de mujeres que se crea en Punta de Rieles comienza a generar mecanismos de contraterror, como talleres, murgas, pequeñas obras de teatro, para seguir pensando y estar mejor físicamente.


¿Qué edades tenían cuando fueron detenidas?

M. P.: -Entre 18 y 22 años. Por eso, el hacinamiento de esos cuarteles depósito donde llegamos a convivir 44 mujeres jugó como una experiencia rica. Éramos gurisas que aprendimos a crecer en conjunto. Cecilia Duffau: -Siempre tuvimos claro que debíamos fortalecernos desde todos los aspectos de la identidad. Cantábamos, hablábamos y reclamábamos aunque nos castigaran.


M. P.: -Y jugábamos. En el cuartel no había guardia permanente, por lo que pasábamos largos períodos sin control. Empezamos a hacer carreras de embolsados con las bolsas que nos mandaban los familiares. Un día, en el momento más alto de una carrera, las puertas se abrieron de par en par: estaba toda la plana de la oficialidad mirándonos petrificada.


¿En general las observaban como si fueran locas?

C. D.: -¡No! Era una mirada de desprecio. Nos insultaban diciéndonos reclusas, pichis. En cierto modo, la resistencia en Punta de Rieles fue quebrarles la jugada a los militares: creían que las celdas colectivas iban a ser nidos de víboras. En sus cabezas, las mujeres no pueden estar juntas
porque se matan. Y se les volvió en contra, porque nos sirvió para mantener una identidad de presas políticas.


M. P.: -Un día, uno de los represores se presentó y dijo: "Lo que ustedes conocieron se terminó. Ahora empieza la guerra psicológica". Sobrevino un período de represión brutal y ahí adoptamos el término "amuchar" en el sentido de cerrar filas en el afecto, que era la base de la contención,
sobre todo a compañeras que quedaban muy mal después de las torturas. María del Carmen Ovalle: -En Devoto, plantear la resistencia era lograr la mayor unidad y comunicación posibles entre nosotras, tanto en lo cotidiano como en la cuestión política. Había que mostrar una conducta unificada de la reja hacia dentro y hacia fuera. Fueron ejes que tratamos de mantener porque nos proponíamos salir humanamente enteras algún día.


¿Cuál era el método de presión sistemático en Devoto?

M. C. O.: -Había una comisión interdisciplinaria formada por un representante de cada sector del penal, el párroco (un subprefecto mayor retirado del Servicio Penitenciario) y el jefe de área militar que nos interrogaba periódicamente, con el objetivo de hacernos firmar el arrepentimiento. La mayoría nos negamos porque entendimos que era una carta de los militares para mostrar en un futuro que todas éramos "terroristas subversivas".

Tamara Vidaurrázaga: -Mi madre fue una de las militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) detenidas en los ochenta, tras los operativos de la Central Nacional de Información (CNI) en el sur del país. En esa época yo era una niña y, obviamente, no entendía la resistencia en el penal de Coronel, pero no me resultaba un sitio áspero porque tenía la particularidad de que sólo alojaba a ocho mujeres. Era un espacio familiar donde no era desagradable llegar: era triste irse. Y yo fui feliz visitándola. Con los años y a partir de la investigación para el libro, descubrí que ese seguir viviendo significaba continuar enamorándose, generando lazos de amistad, teniendo hijos en situaciones donde quizá lo más lógico hubiera sido
privarse de la maternidad. Creo que tiene que ver con resistirse a ese orden que se entiende desde la cabeza, pero que desde el estómago y el corazón no se pueden soportar por mucho tiempo.


¿Pudieron preservarse algunos vínculos familiares?

C. D.: -Te quitaban todo. Podías ver a los seres queridos cada quince días o seis meses, según el momento de la represión. Querían vaciarte, hacerte perder las referencias.


M. P.: -El hostigamiento psicológico consistía en descubrir en qué podían destruirnos. Si te perjudicaba no ver a tus hijos, te prohibían verlos. Si lo que más te importaban eran las noticias de tu familia, no dejaban que te llegaran cartas.

Soledad Aránguiz: -Coronel era una cárcel de pueblo. Por lo tanto, estábamos a cargo de gendarmes que a la vez eran familiares de las visitas que venían a vernos. Algunos no ponían distancia, y en la conversación íbamos logrando que no revisaran tanto a las visitas, que no hicieran desnudar a las madres, que humillaran menos a nuestros familiares.


¿De qué manera se protegieron esos espacios de intimidad?

Mirta Clara: -En el tiempo que estuve en cárceles del interior, cuando llegaban las campesinas de las ligas agrarias se horrorizaban por tener que desnudarse frente a nosotras. Debíamos hablar con ellas para vencer sus temores respecto del cuerpo. Pero creo que el mayor impacto era el que se producía frente a los represores, cuando te desnudaban entre varios con violencia y miraban tu cuerpo. No los veías porque tenías los ojos vendados, pero sabías que te miraban.


M. C. O.: -Pero también establecimos relaciones de mucho afecto, que expresábamos con gestos y con el cuerpo mismo. Hacíamos gimnasia, aprendimos a querernos. Proveníamos de diferentes sectores, pero teníamos un proyecto común. Amábamos la vida y en la lucha habíamos construido la pareja y criado los hijos. Ese proceso de crecimiento nos sirvió para recrear en la cárcel las relaciones de afecto. Nuestros cuerpos no estaban disociados de nuestra ideología.


S. A.: -En Chile, la cosa se complicó en los ochenta, cuando Pinochet pretendió legalizar la situación frente a organismos de derechos humanos y trasladó presos políticos a cárceles comunes. Muchas fueron violadas por presos comunes; hubo que imponerse. Pero así y todo logramos armar algo de vida en esos espacios. Al punto de que las internas terminaron diciéndonos señoritas (risas), no como símbolo de jerarquía sino de respeto.


¿Cómo se abordaba la cuestión de la sexualidad?

M. P.: -En la mayoría de los casos fueron diez años de encierro y una situación común de bloqueo respecto de la sexualidad; había compañeras que sufrieron amenorrea de guerra. Nunca abordamos el tema a fondo por la dificultad de contar cómo nos habíamos sentido cuando nos desnudaban, torturaban y violaban.


I. L.: -Por otra parte, las organizaciones de izquierda en Uruguay éramos absolutamente discriminatorias: en los setenta, la homosexualidad era entendida como una debilidad. Después, las cabezas se fueron abriendo con una cantidad de experiencias. Recién hoy, a mis 50 años, puedo ir para atrás y preguntarme por aquel bloqueo.


C. D.: -Que de todos modos no fue relevante en esas épocas. Lo importante era la resistencia y salir íntegras. A veces nos preguntaban cómo podía ser que no nos masturbáramos. Pero la sexualidad estaba neutralizada por cuestiones superiores, de preservación.


I. L.: -Hasta que salí, dudaba de qué iba a hacer con mi heterosexualidad y, sin embargo, una vez afuera me sorprendió con qué naturalidad pude moverme con mi cuerpo y en mi opción de parejas. Creo que esto demostró que también vencimos en ese terreno, porque ni siquiera lograron traumarnos con sus torturas degradantes.


S. A.: -En Lote Coronel el asunto fue diferente porque éramos pocas y hablamos desde el comienzo. Las recién llegadas les preguntábamos a las que estaban de antes qué pasaba con su sexualidad. Algunas no estaban de acuerdo con la masturbación porque entendían que para resistir tantos años de cárcel había que evitar métodos que exacerbaran la sexualidad. En Santiago hubo cárceles donde los presos políticos lograron que les autorizaran a armar carpas para encontrarse con sus parejas, una de las demandas de las presas políticas en los últimos años, que se denominó venusterios, espacios para tener visitas de pareja.


M. C.: -Cuando fuimos llegando a las cárceles nos encontramos con compañeras que estaban detenidas desde antes de 1973, bajo la dictadura de Lanusse, y que ya pedían la visita higiénica. En el '75 fue más difícil y en el '76 lo único que importaba era sobrevivir. El deseo se canalizaba soñando con nuestros compañeros, muchos muertos en situaciones traumáticas. Soñábamos que estaban vivos y que teníamos relaciones sexuales. Pero en los sueños también se daba ese borde donde la imagen de tu hombre pasaba a ser la cara de la compañera de celda, y al otro día lo hablábamos entre mate y mate.


¿Por qué creen que muchos colectivos de ex presas políticas plasmaron sus
historias en los libros?

T. V.: -En parte porque continúan la tarea colectiva de recuperar la memoria de lo sucedido, lo cual es admirable en una sociedad donde se impone el individualismo a ultranza. Pero también, si se me permite, porque creo queplantean contribuir a la memoria de las mujeres, históricamente vedadas para escribir la historia oficial.